Y
mañana seguirán con fuego en los pies quemando olvido, silencio y
perdón, van saltando todos los charcos del dolor que sangró,
desparramando fe, las madres del amor...
León Gieco
León Gieco
Retiraste
mi mano de tu mano,
y me has dañado el ser.
y me has dañado el ser.
Ahora
aúllan los perros por los pinos
y los astros conciertan en la altura
luz y muerte.
Seco está el aire que mi casa habita,
y vaga la memoria
por los caminos de la vida muerta.
Débil calor, pues donde fui feliz
mora una sombra ardiente,
un humo que penetro con gran daño:
una mirada otorga, entre la nada,
todavía piedad, amor, desdicha.
La cueva del recuerdo es muy oscura
y es fría como el hielo, aunque nos mienta
luz y calor de hogar.
Esto que fuimos se deshace lejos
de la carne y el alma, en el olvido
de lo que nunca ha sido. Tan seguro
lo sé, lo acepto tanto, que no duele
pensar en el fracaso de la vida.
y los astros conciertan en la altura
luz y muerte.
Seco está el aire que mi casa habita,
y vaga la memoria
por los caminos de la vida muerta.
Débil calor, pues donde fui feliz
mora una sombra ardiente,
un humo que penetro con gran daño:
una mirada otorga, entre la nada,
todavía piedad, amor, desdicha.
La cueva del recuerdo es muy oscura
y es fría como el hielo, aunque nos mienta
luz y calor de hogar.
Esto que fuimos se deshace lejos
de la carne y el alma, en el olvido
de lo que nunca ha sido. Tan seguro
lo sé, lo acepto tanto, que no duele
pensar en el fracaso de la vida.
Pero
esta sed sí duele, este momento
de espíritu y de carne, que me exige
felicidad, aunque yo sepa bien
que luego es alimento del olvido.
La ausencia que precede y la que sigue
conforman nuestro ser, pero el presente
se sabe luminoso en ocasiones.
Con un hambre cruel de realidad
aúllo sordamente con los perros,
miro apagar el alba las estrellas,
y he sentido mi mano desechada
como si ajena fuese.
de espíritu y de carne, que me exige
felicidad, aunque yo sepa bien
que luego es alimento del olvido.
La ausencia que precede y la que sigue
conforman nuestro ser, pero el presente
se sabe luminoso en ocasiones.
Con un hambre cruel de realidad
aúllo sordamente con los perros,
miro apagar el alba las estrellas,
y he sentido mi mano desechada
como si ajena fuese.
Mendigo
de realidad, Francisco Brines
Salimos
al cosmos preparados para todo, es decir: para la soledad, la lucha,
el martirio y la muerte. La modestia nos impide decirlo en voz alta,
pero a veces pensamos, de nosotros mismos, que somos maravillosos.
Entretanto, no queremos conquistar el cosmos, sólo pretendemos
ensanchar las fronteras de la Tierra. Unos planetas habrán de ser
desérticos, como el Sáhara; otros gélidos, igual que el Polo; o
bien tropicales, como la selva brasileña. Somos humanitarios y
nobles. No aspiramos a conquistar otras razas. Tan sólo deseamos
transmitirles nuestros valores y, a cambio, recibir su herencia. Nos
consideramos caballeros del Santo Contacto. Ésa es otra falsedad. No
buscamos nada, salvo personas. No necesitamos otros mundos,
necesitamos espejos. No sabemos qué hacer con otros mundos.
Solaris,
Stanislaw Lem
Dicen
que a través de las palabras el dolor se hace más tangible, que
podemos mirarlo como a una criatura oscura, tanto mas ajena a
nosotros cuanto más cerca la sentimos.
Pero yo siempre he creído que el dolor que no encuentra palabras para ser expresado, es el mas cruel, el mas hondo, el mas injusto.
Pero yo siempre he creído que el dolor que no encuentra palabras para ser expresado, es el mas cruel, el mas hondo, el mas injusto.
A
los que aman, Isabel Coixet
Para
que pueda ser he de ser otro,
salir de mí, buscarme entre los otros,
los otros que no son si yo no existo,
los otros que me dan plena existencia,
no soy, no hay yo, siempre somos nosotros,
la vida es otra, siempre allá, más lejos,
fuera de ti, de mí, siempre horizonte,
la vida que nos desvía y enajena
salir de mí, buscarme entre los otros,
los otros que no son si yo no existo,
los otros que me dan plena existencia,
no soy, no hay yo, siempre somos nosotros,
la vida es otra, siempre allá, más lejos,
fuera de ti, de mí, siempre horizonte,
la vida que nos desvía y enajena
Octavio
Paz
Nunca
estarás sola
Cuando
tú duermes
mi pensamiento
vigila
al pie
de tus pestañas.
mi pensamiento
vigila
al pie
de tus pestañas.
Y
así
será siempre,
será siempre,
mientras
me ames.
Karmelo
C. Iribarren
Porque
las horas de mi abuela
fueron tartas de manzanas en el horno,
y motas de polvo acumulándose,
y sábanas poniéndose amarillas
y costuras y dobladillos descosiéndose inevitablemente,
yo casi nunca me ocupé de una casa,
aunque la verdad es que me gustan las casas
y quisiera tener que hacerle la limpieza a una.
fueron tartas de manzanas en el horno,
y motas de polvo acumulándose,
y sábanas poniéndose amarillas
y costuras y dobladillos descosiéndose inevitablemente,
yo casi nunca me ocupé de una casa,
aunque la verdad es que me gustan las casas
y quisiera tener que hacerle la limpieza a una.
Porque
los minutos de mi madre
fueron chupados con el zumbido de la aspiradora,
porque bailaba el vals con la lavadora
y se arrancaba el pelo esperando a que la repararan,
yo mando la ropa a la lavandería
y vivo en una casa con polvo,
aunque la verdad es que me gustan
las casas limpias tanto como a cualquiera.
fueron chupados con el zumbido de la aspiradora,
porque bailaba el vals con la lavadora
y se arrancaba el pelo esperando a que la repararan,
yo mando la ropa a la lavandería
y vivo en una casa con polvo,
aunque la verdad es que me gustan
las casas limpias tanto como a cualquiera.
Soy
bastante mujer
para que me encante amasar el pan
tanto como el tacto de las teclas de la máquina de escribir
en contacto con mis dedos, elásticos, resistentes. Y el olor de la ropa recién lavada y el de la sopa que hierve
para que me encante amasar el pan
tanto como el tacto de las teclas de la máquina de escribir
en contacto con mis dedos, elásticos, resistentes. Y el olor de la ropa recién lavada y el de la sopa que hierve
me
resultan casi tan queridos como el olor a papel y tinta.
Me
gustaría que no hubiera elección;
me gustaría poder ser dos mujeres.
Me gustaría que los días fueran más largos.
Pero son cortos.
Con que escribo mientras se apila el polvo.
me gustaría poder ser dos mujeres.
Me gustaría que los días fueran más largos.
Pero son cortos.
Con que escribo mientras se apila el polvo.
Estoy
sentada a mi máquina de escribir
recordando a mi abuela y a todas mis madres,
y los minutos que perdieron queriendo a las casas más que a sí mismas;
y el hombre al que quiero limpia la cocina gruñendo, sólo un poco,
porque sabe que después de todos estos siglos es más fácil para él que para mí.
recordando a mi abuela y a todas mis madres,
y los minutos que perdieron queriendo a las casas más que a sí mismas;
y el hombre al que quiero limpia la cocina gruñendo, sólo un poco,
porque sabe que después de todos estos siglos es más fácil para él que para mí.
Bastante
mujer, Erica Mann Jong
En
los años de madurez, pocos hombres se acuerdan de cómo han llegado
a ser lo que son, de cómo han conseguido sus placeres, la concepción
del mundo, su mujer, su carácter, su oficio, sus éxitos, y sienten
no poder someterse ya a una transformación. Se podría incluso
asegurar que han sido víctimas de un engaño; es imposible aducir
una razón suficiente de que todo sucediera precisamente como
sucedió; podría haber sucedido también de otra manera; sólo
mínimamente los acontecimientos fueron producidos por ellos mismos,
en su mayor parte dependieron de las más variadas circunstancias:
del humor, de la vida, de la muerte de otros hombres; y se
precipitaron, en un momento dado sobre ellos. En la juventud aparecía
la vida como un mañana sin fin, llena de posibilidades y de nada en
todas direcciones, y ya al mediodía se presentó de improviso algo
que pretendía ser su vida; todo eso era tan sorprendente como verse
de pronto ante la persona con la que se ha mantenido correspondencia
epistolar durante veinte años sin conocerla personalmente,
habiéndosela imaginado antes distinta. Pero es todavía más extraño
el hecho de que nadie lo nota; todos adoptan a la persona con la que
se han cruzado, e incorporan su vida a la suya, juzgan sus
experiencias como la expresión de sus atributos; su destino es su
recompensa o su desgracia. Algo se ha comportado con ellos como una
cinta insecticida con una mosca: la aprisiona por un élitro y le
impide todo movimiento, la envuelve poco a poco hasta sepultarla en
una forma que no corresponde a la originaria. Conservan un recuerdo
vago de la juventud en que poseyeron algo así como una fuerza de
oposición. Ésta otra fuerza empuja y zumba, se resiste a reposar y
levanta una tempestad de movimientos de huida sin rumbo; la burla de
la juventud, su rebelión contra lo vigente, su disponibilidad para
todo heroísmo, para la propia abnegación y sacrificio, para el
crimen, su fogosa seriedad, su inconstancia, todo…
El hombre sin atributos, Robert Musil
Pero
el hombre es un niño laborioso y estúpido
que ha hecho del juego una sudorosa jornada.
Ha convertido el palo del tambor
en una azada,
y en vez de tocar sobre la tierra una canción de júbilo
se ha puesto a cavarla.
¡Si supiésemos caminar bajo el aplauso de los astros
y hacer un símbolo poético de cada jornada!
Quiero decir que nadie sabe cavar al ritmo del sol
y que nadie ha cortado todavía una espiga
con amor y con gracia.
Ese panadero, por ejemplo, ¿por qué ese panadero
no le pone una rosa de pan blanco a ese mendigo hambriento
en la solapa?
que ha hecho del juego una sudorosa jornada.
Ha convertido el palo del tambor
en una azada,
y en vez de tocar sobre la tierra una canción de júbilo
se ha puesto a cavarla.
¡Si supiésemos caminar bajo el aplauso de los astros
y hacer un símbolo poético de cada jornada!
Quiero decir que nadie sabe cavar al ritmo del sol
y que nadie ha cortado todavía una espiga
con amor y con gracia.
Ese panadero, por ejemplo, ¿por qué ese panadero
no le pone una rosa de pan blanco a ese mendigo hambriento
en la solapa?
La
rosa de harina, León Felipe
No
aceptar otro orden que el de las afinidades,
otra cronología que la del corazón,
otro horario que el de los encuentros a deshora, los verdaderos.
otra cronología que la del corazón,
otro horario que el de los encuentros a deshora, los verdaderos.
Julio
Cortázar
Es
un bosque que navega y se balancea sobre las olas, un bosque en
donde, sin saberse cómo, comenzaron a cantar pájaros, debían de
estar escondidos por ahí y de repente decidieron salir a la luz, tal
vez porque la cosecha ya esté madura y es la hora de la siega…
José
Saramago
La
amargura que pisé y me pisó
es un raro animal.
Vive en las
costumbres del desastre.
La noche que extiende su miedar
en una sola esquina
no se mueve en los huérfanos de lengua.
La hermosura del pecho
abre su colmenar
sin techo en este sufre
de los pobres del mundo.
¡Allá cantara su olvidar de sí!
No puede en esta casa
de la miseria en obra.
Hojas que caen, cicatrices
de lo que nunca fue.
es un raro animal.
Vive en las
costumbres del desastre.
La noche que extiende su miedar
en una sola esquina
no se mueve en los huérfanos de lengua.
La hermosura del pecho
abre su colmenar
sin techo en este sufre
de los pobres del mundo.
¡Allá cantara su olvidar de sí!
No puede en esta casa
de la miseria en obra.
Hojas que caen, cicatrices
de lo que nunca fue.
Animales, Juan
Gelman
He
estado intentando convencerme de que abandonar a una persona no es lo
peor que se puede hacer. Puede resultar doloroso, pero no tiene por
qué ser una tragedia. Si uno no dejase nunca nada ni a nadie, no
tendría espacio para lo nuevo. Sin duda, evolucionar constituye una
infidelidad…, a los demás, al pasado, a las antiguas opiniones de
uno mismo.
Tal
vez cada día debería contener al menos una infidelidad esencial o
una traición necesaria. Se trataría de un acto optimista,
esperanzador, que garantizaría la fe en el futuro…, una afirmación
de que las cosas pueden ser no sólo diferentes, sino mejores.
Intimidad,
Hanif Kureishi
No
te acerques a mi tumba sollozando.
No
estoy allí. No duermo ahí.
Soy
como mil vientos soplando.
Soy
como un diamante en la nieve brillando.
Soy
la luz del sol sobre el grano dorado.
Soy
la lluvia gentil del otoño esperado
cuando
despiertas en la tranquila mañana.
Soy
la bandada de pájaros que trina.
Soy
también las estrellas que titilan,
mientras
cae la noche en tu ventana.
Por
eso, no te acerques a mi tumba sollozando.
No
estoy allí. Yo no morí.
No
te acerques a mi tumba sollozando, Mary Elizabeth Frye
* San Andrés de Giles
Mis
despedidas son mis piezas rotas lanzadas hacia atrás
Mis
bienvenidas, una colcha de mi ser fragmentado
En
medio están los fardos de recuerdos
Envueltos
en papeles
Sellados
en bolsas
Etiquetados
de dudas
Empacados
en miedo
Límite:
50 libras por maleta
Aeropuertos, Joyce
Ashuntantang
"Apreciada
señora Lessep:
Muchas gracias por permitirnos leer de nuevo “Los zapatitos de muérdago”. Tras detenido análisis, hemos llegado a la conclusión de que la mencionada obra sigue sin responder a nuestras expectativas. Lamento que la frase “en este momento no responde a nuestras expectativas” la haya llevado a usted a creer que debía presentarla de nuevo. En el mundo editorial, “en este momento” quiere decir “nunca”.
Muchas gracias por permitirnos leer de nuevo “Los zapatitos de muérdago”. Tras detenido análisis, hemos llegado a la conclusión de que la mencionada obra sigue sin responder a nuestras expectativas. Lamento que la frase “en este momento no responde a nuestras expectativas” la haya llevado a usted a creer que debía presentarla de nuevo. En el mundo editorial, “en este momento” quiere decir “nunca”.
A
Whittaker
Director de Soap"
Director de Soap"
El
lamento del perezoso. Sam Savage.
*
Enganchada a las carta de Édouard Manet
Las
palabras tienen algo especial. En manos expertas, manipuladas con
destreza, nos convierten en sus prisioneros.
Se enredan en nuestros brazos como tela de araña y en cuanto estamos tan embelesados que no podemos movernos, nos perforan la piel, se infiltran en la sangre, adormecen el pensamiento. Y ya dentro de nosotros ejercen su magia.
Se enredan en nuestros brazos como tela de araña y en cuanto estamos tan embelesados que no podemos movernos, nos perforan la piel, se infiltran en la sangre, adormecen el pensamiento. Y ya dentro de nosotros ejercen su magia.
La
ladrona de libros, Markus Zusack
Uno
no puede traer hijos a un mundo como éste; uno no se puede plantear
perpetuar el sufrimiento, ni aumentar la raza de estos lujuriosos
animales que no poseen emociones duraderas, sino sólo caprichos y
banalidades que ahora te llevan hacia un lado y mañana hacia otro.
La
señora Dalloway, Virginia Woolf
¿Por
qué Haneke ubica esta historia de amor en la ancianidad? Para ello
quizá debamos interrogarnos acerca de qué lleva a un ser humano a
amar a otro. El amor al otro es un sentimiento que se crea con el
tiempo, que requiere tiempo. Deseo y enamoramiento son sus fuegos
artificiales aunque no por ello menos importantes, son las chispas
que nos abren a la posibilidad del amor. Deseo y enamoramiento son
dos afectos relativamente efímeros y volubles que, sin embargo, nos
abren a ese sentimiento más permanente y estable por el que el
otro pasa a ser alguien importante en nuestra vida, alguien a quién
sentimos querer a nuestro lado: alguien con quien construir camino.
Veo en ese aspecto el por qué Haneke situa el amor en nuestra pareja
de ancianos, una pareja que no sólo ha construido camino sino que se
halla - pasados los ochenta - ya en sus últimas andaduras...
Aquellas que quizá sean las más difíciles de su trayectoria.
Amor,
Michael Haneke
(...) Úrsula
se preguntaba si no era preferible acostarse de una vez en la
sepultura y que le echaran la tierra encima, y le preguntaba a Dios,
sin miedo, si de verdad creía que la gente estaba hecha de fierro
para soportar tantas penas y mortificaciones; y preguntando y
preguntando iba atizando su propia ofuscación, y sentía unos
irreprimibles deseos de soltarse a despotricar como un forastero, y
de permitirse por fin un instante de rebeldía, el instante
tantas veces anhelado y tantas veces aplazado de meterse la
resignación por el fundamento y cagarse de una vez en todo, y
sacarse del corazón los infinitos montones de malas palabras que
había tenido que atragantarse en todo un siglo de conformidad.
Cien
Años de Soledad, Gabriel García Márquez.
Por
crítica literaria entiendo un discurso sobre las obras literarias
que pone el acento en la experiencia de la lectura, que describe,
interpreta, evalúa el sentido y el efecto que las obras tienen sobre
los (buenos) lectores, que no son necesariamente ni cultos ni
profesionales. La crítica aprecia, juzga; procede por simpatía (o
antipatía), por identificación y proyección: su lugar ideal es el
salón, del que la prensa no es más que un avatar, no la
universidad; su forma por antonomasia es la conversación.
El
demonio de la Teoría, Antoine Compagnon
Una
nostalgia silenciosa y prolongada le oprimió el corazón. No era
sólo nostalgia de aquel hombre, sino también de la oportunidad
perdida. Y tampoco sólo de esa oportunidad concreta sino de la
oportunidad como tal. Sentía nostalgia de todas las oportunidades
que había perdido, que había dejado pasar, que había evitado, e
incluso aquéllas que nunca había tenido.
La
despedida, Milan Kundera
Lo
que tuve y lo que no tuve y acaso aquello que mi mano solitariamente
asilaba,
todo lo que ahora escucho maldecir y llamear.
Del mismo modo que escucho tu nombre golpeando fragua mítica,
sonando en metal de saga,
en herrería blanca que aún me quema.
todo lo que ahora escucho maldecir y llamear.
Del mismo modo que escucho tu nombre golpeando fragua mítica,
sonando en metal de saga,
en herrería blanca que aún me quema.
Báculo
de Babel, Blanca Andreu
En
los dos se reveló marcadamente el egoísmo de los desgraciados. Los
desgraciados son egoístas, maliciosos, injustos, crueles y menos
capaces aún que los tontos de comprenderse uno al otro. La
desgracia, en lugar de unir, separa a la gente, y hasta allí donde
parecía que los hombres debieran estar ligados por el dolor común,
se cometen muchas más injusticias y crueldades que en un medio
relativamente satisfecho.
Enemigos,
Antón Chéjov
Pienso
mesa y digo silla,
compro pan y me lo dejo,
lo que pienso se me olvida,
lo que pasa es que te quiero..
compro pan y me lo dejo,
lo que pienso se me olvida,
lo que pasa es que te quiero..
La trilla
lo dice todo,
y el mendigo en el alero,
el pez vuela por la sala,
el toro sopla en el ruedo..
y el mendigo en el alero,
el pez vuela por la sala,
el toro sopla en el ruedo..
Entre Santander y
Asturias,
pasa un río, pasa un ciervo,
pasa un rebaño de santas,
pasa un peso..
pasa un río, pasa un ciervo,
pasa un rebaño de santas,
pasa un peso..
Entre mi sangre y el
llanto
hay un puente muy pequeño,
y por el no pasa nada,
lo que pasa es que te quiero.
hay un puente muy pequeño,
y por el no pasa nada,
lo que pasa es que te quiero.
Todo
asusta, Gloria Fuertes
"Yo
soy español integral, y me sería imposible vivir fuera de mis
límites geográficos; odio al que es español por ser español nada
más. Yo soy hermano de todos y execro al hombre que se sacrifica por
una idea nacionalista abstracta por el solo hecho de que ama a su
patria con una venda en los ojos. El chino bueno está más cerca de
mí que el español malo. Canto a España y la siento hasta la
médula; pero antes que esto soy hombre de mundo y hermano de todos.
Desde luego, no creo en la frontera política".
Federico García Lorca
(...)
No se lo pediría a cualquiera, pero sé que usted no se asusta.
- ¿Cómo lo sabe? —preguntó ella.
- Dicen por ahí que está usted a punto de abrir una librería. Eso significa que no le importa enfrentarse a cosas inverosímiles.
- ¿Cómo lo sabe? —preguntó ella.
- Dicen por ahí que está usted a punto de abrir una librería. Eso significa que no le importa enfrentarse a cosas inverosímiles.
La
librería, Penelope Fitzgerald
El
amor y el conocimiento, en la medida en que ambos eran posibles, me
transportaban hacia el cielo. Pero siempre la piedad me hacía volver
a la tierra. Resuena en mi corazón el eco de gritos de dolor. Niños
hambrientos, víctimas torturadas por opresores, ancianos desvalidos,
carga odiosa para sus hijos, y todo un mundo de soledad, pobreza y
dolor convierten en una burla lo que debería ser la existencia
humana. Deseo ardientemente aliviar el mal, pero no puedo, y yo
también sufro.
Bertrand
Russell
A
los pocos días descubrió hasta qué punto estaba solo. No culpaba a
nadie. Él lo había querido y lo consiguió.
El
doctor Zhivago, Boris Pasternak.
"Cerrando
los ojos podemos recordar a aquellos hombres jóvenes, con esperanzas
en sus corazones y alas en sus pies".
Carros
de fuego, Hugh Hudson
... nuestras lágrimas son la lluvia que
limpia el polvo cegador de la tierra que, a veces, cubre y mancilla
nuestro endurecido corazón.
Grandes
Esperanzas, Charles Dickens.
"El
amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni
jactancioso ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta,
no se enoja fácilmente, no guarda rencor. El amor no se deleita en
la maldad, sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo
lo cree, todo lo espera, todo lo soporta."
San Pablo a lo Corintios, 13:4-7
Cuando
empiezas a hablar de verdad, te entregas. Arrojas las palabras
precipitadamente, no las cuentas como monedas.
Sexus,
Henry Miller
No
sé qué pasó, cómo hemos llegado a esto.
Cómo es que ya no podemos encontrar el amor que sentíamos el uno por el otro?
Sé que aún te quiero. Lo demás son detalles.
Cómo es que ya no podemos encontrar el amor que sentíamos el uno por el otro?
Sé que aún te quiero. Lo demás son detalles.
Algo
debe cambiar.
Escribo
este poema con la mano izquierda.
Aunque apenas puedo descifrar mi propia letra, quizás así rompa el ciclo de recriminaciones mutuas y pueda mirar las cosas de otra manera, pueda reencontrar el amor que sentimos.
Aunque apenas puedo descifrar mi propia letra, quizás así rompa el ciclo de recriminaciones mutuas y pueda mirar las cosas de otra manera, pueda reencontrar el amor que sentimos.
Amor Siniestro, Lawrence
Schimel
"Te amo. Pero ya no sé lo que es eso, un amor"
Heiner Müller
La eternidad dura unos tres años, de los diecisiete a los veinte
aproximadamente.
Tiene el espesor agrio de una lámina de vino tinto.
Tiene la consistencia de tus muslos de estío bajo la falda tenue y
larguísima que nunca te levantaré.
La eternidad. Un lugar sin sabiduría y anterior nostalgia de ella.
Hay luz filtrada por ramas de un verde restallante en el Parque
del Buen Retiro, luz adolescente que se quiebra inverosímilmente
sobre tu blusa.
Casi me da pudor decir que sólo te acaricio los pechos una vez.
Frescas ensoñaciones interminables en el jardín de la torpeza.
Las puertas sí que son algo irreversible: duros núcleos expectantes
aristas insomnes, una condensación exagerada de tragedia.
Pero la memoria ha desaprendido el llanto de manera radical.
Me
besas tú por primera vez, en un teatro donde no hay otra
cosa
-espectadores incluidos, desde luego- que terciopelo rojo.
Para besar tienes que sumergirte. (Yo no lo comprendo.)
Una banda negra alrededor de tu cuello. En esa tibia frontera sí
que podría abrevar el crepúsculo. En lugar de eso se te echa en
el regazo y, como si nunca hubiera hecho otra cosa, no para un
instante de ronronear.
Creo que puedo enseñarte algo y me engaño. Crees que puedes
enseñarme algo y te engañas.
Celos atroces, obscenos, inconfesables, de los chicos del laboratorio
de fotografía.
Para lograr conciliar el sueño tengo que masturbarme (de fijo más de
mil veces) pensando en ti.
La eternidad se adensa en la sala del Cinestudio Griffith de San Pol de Mar.
La eternidad no acaba de tomarme en serio.
Hace bien en no hacerlo.
-espectadores incluidos, desde luego- que terciopelo rojo.
Para besar tienes que sumergirte. (Yo no lo comprendo.)
Una banda negra alrededor de tu cuello. En esa tibia frontera sí
que podría abrevar el crepúsculo. En lugar de eso se te echa en
el regazo y, como si nunca hubiera hecho otra cosa, no para un
instante de ronronear.
Creo que puedo enseñarte algo y me engaño. Crees que puedes
enseñarme algo y te engañas.
Celos atroces, obscenos, inconfesables, de los chicos del laboratorio
de fotografía.
Para lograr conciliar el sueño tengo que masturbarme (de fijo más de
mil veces) pensando en ti.
La eternidad se adensa en la sala del Cinestudio Griffith de San Pol de Mar.
La eternidad no acaba de tomarme en serio.
Hace bien en no hacerlo.
Figuración de ti, Jorge Riechman
Ahora
llega
esta paz
como si fuese
una visita que se espera hace mucho.
esta paz
como si fuese
una visita que se espera hace mucho.
La
miro.
Me mira.
Podríamos quedarnos
muchos años así.
Me mira.
Podríamos quedarnos
muchos años así.
Ahora
la casa me permite
seguir poniendo flores
para armar la alegría.
la casa me permite
seguir poniendo flores
para armar la alegría.
Ya
hemos aprendido a no soñar la sed.
Por
suerte,
afuera,
son otros los que esperan
que alguna vez
les pase.
afuera,
son otros los que esperan
que alguna vez
les pase.
Valeria
Pariso
Emprendí
el camino hacia el mundo de la gente,
donde todo es ruido.
donde todo es ruido.
Ahora
lo veo en todos los insectos, en todas las águilas, en todos los
peces.
Yo
sé que él me ha perdonado con el suave perdón de los
elefantes.
Tal vez si viviésemos tanto como las viejas tortugas
lograra algún día perdonarme yo.
Tal vez si viviésemos tanto como las viejas tortugas
lograra algún día perdonarme yo.
Laura
Casielles
... Hoy
estoy besando un beso;
estoy
solo con mis labios.
Los
pongo
no
en tu boca, no, ya no
-¿adónde
se me ha escapado?-.
Los
pongo
en
el beso que te di
ayer,
en las bocas juntas
del
beso que se besaron.
Y
dura este beso más
que
el silencio, que la luz.
Porque
ya no es una carne
ni
una boca lo que beso,
que
se escapa, que me huye.
No.
Te
estoy besando más lejos.
Ayer te besé en los labios, Pedro
Salinas
* Paloma
Varga Weisz
Perdido.
A pocos pasos de la casa, no obstante, a no más de tres tiros de
piedra.
Allá
donde cae la flecha que fue lanzada al azar.
Perdido,
sin drama. Alguien me encontrará. Unas pocas voces se alzarán de
todas partes en el cielo, en la noche que cae.
Y
no son más que las cuatro, falta una buena parte del día para
seguir perdiéndose –yendo, corriendo a veces, volviendo– por
entre las piedras rotas y estas encinas grises, en el bosque surcado
de hondonadas que busca en todas partes el infinito, bajo el
horizonte tumultuoso. Pero aquí, en el paso, se cierra más aún.
Necesariamente,
encontraré un camino.
Veré
esa granja en ruinas, de donde partía una huella.
¿Llamaré?
No; no todavía.
Allá
donde cae la flecha, fragmento. Yves Bonnefoy
Amar
puede ser
un aperitivo con sifón
en una mañana de colores ácidos
o puede ser zambullirse en un lago de montaña
nadar equidistante entre el cielo y el fondo
suspendido de un sol de extrema desnudez
Las buenas chicas no piden
la cabeza del Bautista sobre una bandeja
Ya sé que no eres una buena chica
pero piensa que la cabeza
de cualquier fantasma sobre bandeja de plata
desequilibraría a cualquier bailarina
Las cabezas parlantes
prometen la vida eterna con sifón
pero yo he elegido cocinar contigo
crear contigo follar contigo dormir
en el país que delimita
el aroma de tu cuerpo desnudo
Amor mío
olvídate de decapitamientos con sifón
Ven a nadar al lago donde ya estamos
Rechazar el sueño de la ingravidez
no implica renunciar a la caricia de la piel azul del cielo
ni del dulce légamo suavísimo del fondo
Amantes embrollados, Jorge Riechman
un aperitivo con sifón
en una mañana de colores ácidos
o puede ser zambullirse en un lago de montaña
nadar equidistante entre el cielo y el fondo
suspendido de un sol de extrema desnudez
Las buenas chicas no piden
la cabeza del Bautista sobre una bandeja
Ya sé que no eres una buena chica
pero piensa que la cabeza
de cualquier fantasma sobre bandeja de plata
desequilibraría a cualquier bailarina
Las cabezas parlantes
prometen la vida eterna con sifón
pero yo he elegido cocinar contigo
crear contigo follar contigo dormir
en el país que delimita
el aroma de tu cuerpo desnudo
Amor mío
olvídate de decapitamientos con sifón
Ven a nadar al lago donde ya estamos
Rechazar el sueño de la ingravidez
no implica renunciar a la caricia de la piel azul del cielo
ni del dulce légamo suavísimo del fondo
Amantes embrollados, Jorge Riechman
(...) Dejamos
encima del mar marchitarse la luna.
Cómo errar, por los años, sin gloria.
Cómo aceptar que las almas son vagos ensueños
que en sueños tan sólo se dan, y despiertos se borran.
Qué consuelo ha de haber, si lograr una gota de un alma
es pretender apresar el latir de la tierra, desnuda y redonda.
Cómo errar, por los años, sin gloria.
Cómo aceptar que las almas son vagos ensueños
que en sueños tan sólo se dan, y despiertos se borran.
Qué consuelo ha de haber, si lograr una gota de un alma
es pretender apresar el latir de la tierra, desnuda y redonda.
Estamos
despiertos. Sabemos. Como astros soberbios, caídos,
sentimos la boca glacial de la muerte tocar nuestra boca.
Apagamos las manos.
sentimos la boca glacial de la muerte tocar nuestra boca.
Apagamos las manos.
Apagamos
las manos, José Hierro.
Miro
los retratos de Bacon y me sorprende que, pese a su «distorsión»,
se parezcan todos a su modelo. Pero ¿cómo puede parecerse una
imagen a un modelo del que es, conscientemente, programáticamente,
una distorsión? Sin embargo, se le parece; lo prueban las fotos de
las personas retratadas; e incluso si no conociera esas fotos es
evidente que en todos los ciclos, en todos los trípticos, las
diferentes deformaciones del rostro se parecen, que se reconoce en
ellas a una única y misma persona. Si bien «en distorsión», esos
retratos son fieles. De ahí mi sensación de un milagro. Podría
decirlo de otra manera: los retratos de Bacon son la interrogación
sobre los límites del yo. ¿Hasta qué grado de distorsión un
individuo sigue siendo él mismo? ¿Hasta qué grado de distorsión
un ser amado sigue siendo un ser amado? ¿Durante cuánto tiempo un
rostro querido que se aleja en una enfermedad, en una locura, en un
odio, en la muerte, sigue siendo aún reconocible? ¿Dónde está la
frontera tras la cual un «yo» deja de ser «yo»?
Milan
Kundera, El gesto brutal del pintor.
T
París
era una fiesta, Ernest Hemingway
Por
lo general, las personas no muestran lo terribles que son. Pero son
como una vaca pastando tranquila que, de repente, levanta la cola y
descarga un latigazo sobre el tábano. Basta que se dé la ocasión
para que muestren su horrenda naturaleza. Recuerdo que se me llegaba
a erizar el cabello de terror al pensar en que este carácter innato
es una condición esencial para que el ser humano sobreviva. Al
pensarlo, perdía cualquier esperanza sobre la humanidad. Siempre me
había dado miedo la gente y, debido a mi falta de confianza en mi
habilidad de hablar o actuar como un ser humano, mantuve mis agonías
solitarias encerradas en el pecho y mi melancolía e inquietud
ocultas tras un ingenuo optimismo. Y con el tiempo me fui
perfeccionando en mi papel de extraño bufón.
Indigno
de ser humano, Osamu Dazai















































