Mujeres

14:27


Porque las horas de mi abuela
fueron tartas de manzanas en el horno,
y motas de polvo acumulándose,
y sábanas poniéndose amarillas
y costuras y dobladillos descosiéndose inevitablemente,
yo casi nunca me ocupé de una casa,
aunque la verdad es que me gustan las casas
y quisiera tener que hacerle la limpieza a una.

Porque los minutos de mi madre
fueron chupados con el zumbido de la aspiradora,
porque bailaba el vals con la lavadora
y se arrancaba el pelo esperando a que la repararan,
yo mando la ropa a la lavandería
y vivo en una casa con polvo,
aunque la verdad es que me gustan
las casas limpias tanto como a cualquiera.

Soy bastante mujer
para que me encante amasar el pan
tanto como el tacto de las teclas de la máquina de escribir
en contacto con mis dedos, elásticos, resistentes. 
Y el olor de la ropa recién lavada y el de la sopa que hierve 
me resultan casi tan queridos como el olor a papel y tinta.
Me gustaría que no hubiera elección;
me gustaría poder ser dos mujeres.
Me gustaría que los días fueran más largos.
Pero son cortos.
Con que escribo mientras se apila el polvo.

Estoy sentada a mi máquina de escribir
recordando a mi abuela y a todas mis madres,
y los minutos que perdieron queriendo a las casas más que a sí mismas;
y el hombre al que quiero limpia la cocina gruñendo, sólo un poco,
porque sabe que después de todos estos siglos es más fácil para él que para mí.

Bastante mujer, Erica Mann Jong

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