Retrato
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Miro
los retratos de Bacon y me sorprende que, pese a su «distorsión»,
se parezcan todos a su modelo. Pero ¿cómo puede parecerse una
imagen a un modelo del que es, conscientemente, programáticamente,
una distorsión? Sin embargo, se le parece; lo prueban las fotos de
las personas retratadas; e incluso si no conociera esas fotos es
evidente que en todos los ciclos, en todos los trípticos, las
diferentes deformaciones del rostro se parecen, que se reconoce en
ellas a una única y misma persona. Si bien «en distorsión», esos
retratos son fieles. De ahí mi sensación de un milagro. Podría
decirlo de otra manera: los retratos de Bacon son la interrogación
sobre los límites del yo. ¿Hasta qué grado de distorsión un
individuo sigue siendo él mismo? ¿Hasta qué grado de distorsión
un ser amado sigue siendo un ser amado? ¿Durante cuánto tiempo un
rostro querido que se aleja en una enfermedad, en una locura, en un
odio, en la muerte, sigue siendo aún reconocible? ¿Dónde está la
frontera tras la cual un «yo» deja de ser «yo»?
Milan
Kundera, El gesto brutal del pintor.

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