Sheldonismo
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The
Big Bang Theory está de bajón. A los guionistas les lastran diez
temporadas y los personajes empiezan a ser planos y previsibles.
Todos menos Sheldon, radicalizado en sus opiniones, su comportamiento
asocial y sus obsesiones compulsivas. Hace unos años, Chuck Lorre,
uno de los guionistas, desmintió haber construido al personaje con
parámetros de Asperger, uno de los trastornos del espectro autista,
probablemente porque banalizar una enfermedad mental con animo cómico
no sea políticamente correcto.
Es torpe, rechaza el contacto
con los demás porque se siente en un entorno hostil, está
obsesionado por la literalidad de las expresiones, reacciona de forma
unidireccional, y su falta de empatía le obliga a copiar las
emociones. Muestra curiosidad solo por determinados temas en los que
su inversión desmedida de tiempo y su memoria excepcional lo
convierten en un experto. Es matemático, porque es más fácil
entender una ecuación que al mundo.
Sheldon está de moda, pero no
es el único. Antes que él, "Rain Man' logró acercar al gran
publico el autismo en general y en concreto, el autismo en adultos.
La magistral interpretación de Dustin Hoffman estableció un
estereotipo algo cruel: todos los autistas cuentan con 'habilidades
especiales', y logran el triunfo.
Ya sobre el papel, Lisbeth Salander,
el personaje creado por Stieg Larsson en la saga Millennium, ancla su
sociopatía en el mismo síndrome, aunque al revestirlo de vanguardia
feminista es menos evidente. En la vida real, se identifica con este
síndrome a personalidades extremas como Tim Burton, Spielberg o Bill
Gates.
Como todas las visiones desde lejos, son “aspis”
exagerados y maniqueistas. Pero sin duda, ayudan a dar visibilidad a
un trastorno relativamente desconocido al poner en valor sus
potenciales capacidades y generar conciencia social.
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