Manual for Cleaning Women

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No es fácil ser mujer en ningún rincón del mundo. No lo es en África, pero tampoco creo que lo sea en Colombia, en los suburbios de París, o en la sierra de Soria. básicamente porque esa revolución que libera, no por anhelada, llega antes y a los hombres les cuesta dejar de trabar palos en la rueda de la carreta. Guste o no, vivimos en un mundo patriarcal, con una legislación paritaria que en la practica flojea, insultamos en femenino porque el diccionario lo ampara y permitimos cómplices una escala retributiva que trata con más generosidad a hombres que a mujeres.

Las estructuras arcaicas se aferran a lo cotidiano. Encuentran un buen nicho de mercado en la televisión, en la publicidad, en los cómites de dirección y en la lista Forbes.


Y en la literatura. La testosterona de Hemingway y Fitzgerald es venerada por “cipoutudos” como Perez Reverte y Jabois, que cómo no podría ser de otra forma, venden un huevo de novelas tabernarias habitadas por mujeres de bandera y hembras que caminan contoneándosen con garbo.


Allá ellos y las canciones de Sabina. 
Se han perdido lo mejor: ser capaces de observar el mundo con la sibilina inteligencia emocional de Lucia Berlin. 

Aprovecha un rato zen para leerla. No es stalker, es woman worker, cruda y real, acorazada y frágil al mismo tiempo, llena de contrastes y desgarros. Vibra, contagia emoción. 

En cada relato está la pluma que acaricia y pega al mismo tiempo, la necesidad de entornar la tapa y frenar para descubrir la belleza del desastre, de la miseria. 


La comparan con Carver.

Pero nadie que escriba sobre Carver lo comparará con ella.


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