Manual for Cleaning Women
01:06
No es fácil
ser mujer en ningún rincón del mundo. No lo es en África, pero
tampoco creo que lo sea en Colombia, en los suburbios de París, o en
la sierra de Soria. básicamente porque esa revolución que
libera, no por anhelada, llega antes y a los hombres les cuesta dejar
de trabar palos en la rueda de la carreta. Guste o no, vivimos en un
mundo patriarcal, con una legislación paritaria que en la practica
flojea, insultamos en femenino porque el diccionario lo ampara y
permitimos cómplices una escala retributiva que trata con más
generosidad a hombres que a mujeres.
Las estructuras arcaicas se aferran a lo cotidiano. Encuentran un buen nicho de mercado en la televisión, en la publicidad, en los cómites de dirección y en la lista Forbes.
Y en la literatura. La testosterona de Hemingway y Fitzgerald es venerada por “cipoutudos” como Perez Reverte y Jabois, que cómo no podría ser de otra forma, venden un huevo de novelas tabernarias habitadas por mujeres de bandera y hembras que caminan contoneándosen con garbo.
Allá ellos y las canciones de Sabina.
Se han perdido lo mejor: ser capaces de observar el mundo con la sibilina inteligencia emocional de Lucia Berlin.
Aprovecha un rato zen para leerla. No es stalker, es woman worker, cruda y real, acorazada y frágil al mismo tiempo, llena de contrastes y desgarros. Vibra, contagia emoción.
En cada relato está la pluma que acaricia y pega al mismo tiempo, la necesidad de entornar la tapa y frenar para descubrir la belleza del desastre, de la miseria.
La comparan con Carver.
Pero nadie que escriba sobre Carver lo comparará con ella.
Las estructuras arcaicas se aferran a lo cotidiano. Encuentran un buen nicho de mercado en la televisión, en la publicidad, en los cómites de dirección y en la lista Forbes.
Y en la literatura. La testosterona de Hemingway y Fitzgerald es venerada por “cipoutudos” como Perez Reverte y Jabois, que cómo no podría ser de otra forma, venden un huevo de novelas tabernarias habitadas por mujeres de bandera y hembras que caminan contoneándosen con garbo.
Allá ellos y las canciones de Sabina.
Se han perdido lo mejor: ser capaces de observar el mundo con la sibilina inteligencia emocional de Lucia Berlin.
Aprovecha un rato zen para leerla. No es stalker, es woman worker, cruda y real, acorazada y frágil al mismo tiempo, llena de contrastes y desgarros. Vibra, contagia emoción.
En cada relato está la pluma que acaricia y pega al mismo tiempo, la necesidad de entornar la tapa y frenar para descubrir la belleza del desastre, de la miseria.
La comparan con Carver.
Pero nadie que escriba sobre Carver lo comparará con ella.
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