Ratón
20:02
Cuando
a la luz de un quinqué escribo mi página cotidiana, oigo un
ruidito. Si me detengo, para. Y vuelve a comenzar en cuanto rasco el
papel. Es un ratón que se despierta.
Puedo
adivinar sus idas y venidas junto al agujero oscuro en el que nuestra
criada guarda sus cepillos y sus trapos. Brinca por el suelo y trota
sobre las baldosas de la cocina. Pasa junto a la chimenea, bajo el
fregadero, se pierde entre la vajilla y gracias a una serie de
reconocimientos que cada vez le llevan más lejos, se acerca a mí.
Cada
vez que dejo descansar mi portaplumas, ese silencio le inquieta. Cada
vez que lo utilizo, cree que quizás haya otro ratón por los
alrededores y se siente más tranquilo.
Luego
no vuelvo a verlo. Se halla bajo la mesa, junto a mis piernas.
Circula de una pata de la silla a otra. Roza mis zuecos, mordisquea
la madera de éstos o, con un alarde de valentía, ¡se encarama en
ellos!
Y
sobre todo no puedo mover la pierna, ni siquiera respirar con fuerza,
pues huiría.
Debo,
sin embargo, seguir escribiendo y, temeroso de que me abandone a mi
aburrimiento de persona solitaria, escribo signos, naderías, muy
pequeñito, menudo, menudito, como él roe.
Jules
Renard.
Histoires naturelles

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